Islas Mitológicas: ‘Lost’ no ha sido la única

Copiado de La Pantalla Mágica.

Lost sigue dando de qué hablar. Y su final, todavía más. A estas alturas, creo que a todo el mundo le ha quedado claro ya que la Isla de Lost es un personaje más. Su entidad como protagonista casi indiscutible de la serie, hace que tengamos que referirnos a ella como “Isla” con “i” mayúscula porque se trata ya de un nombre propio. Además, la utilización de la prosopopeya (metáfora ontológica que define una realidad no humana como humana)  para definir a este ente en principio inanimado, la hacen meritoria de una atención especial. Esta personificación de una isla, no es la primera vez que se da en el audiovisual y, por supuesto, tampoco en la literatura. Os avisamos de que tras el salto os encontraréis con un extenso artículo que argumenta la mitología asociada a la insularidad y, en última instancia, el por qué no eran necesarias explicaciones racionales al llegar al Génesis de Lost.


Toda isla es un mito. No tan sólo la Isla de Lost, si no toda isla. La Real Academia de la Lengua define el término “isla” como “porción de tierra rodeada de agua por todas partes”. Esta definición sería correcta en el mundo de lo real, pero en la literatura y el audiovisual, esta acepción no llegaría a definir en absoluto lo que una isla viene a representar.

Encontramos islas en la más remota literatura. Estas zonas de tierra firme suelen mostrarse como espacios maravillosos en la tradición ya formalizada de las mitologías que evolucionan a lo que hoy en día concebimos como espacios narrativos con múltiples posibilidades. Las islas van más allá del relato de naufragios. En la Odisea de Homero, las islas son estructurales al relato cuando Ulises navega entre algunas de ellas verdaderamente fantásticas. Miles de años después, la odisea contemporánea que vive Leopold Bloom en el relato de James Joyce nos acerca al microcosmos de un hombre en una isla. El mundo de las nuevas islas refleja, según la profesora de la universidad de Deusto, María Luz Suárez, “el desorden espiritual y la incapacidad de nuestra época: sus tradiciones y convenciones perdidas, su orden mundial perdido y su falta de creencia en la religión y el mito”. Con la llegada del fantástico moderno, la insularidad se convierte en uno de los principales referentes para el desarrollo de ficciones inverosímiles o hiperbólicas en como las novelas y películas de piratas como Pirates of the Caribean o Waterworld o las series de ciencia ficción como Lost. Estos productos de entretenimiento derivan también en expresiones figurativas de aspectos mucho más profundos como el exilio forzado o voluntario, el solipsismo humano, la experimentación de una “sociedad natural” o la emergencia del inconsciente frente a la identidad.

Las islas, como vemos, son tratadas de distintos modos, pero, ¿cuáles son los atributos que la predisponen de esa manera a la fantasía? El más relevante es la condición de soledad o estado aislado que la propia isla conlleva. Sin embargo, no es su periferia sumida en agua lo que la induce a esos mundos fantásticos si no más bien el hecho de su estado suspendido en agua. El antropólogo y mitólogo Gilbert Durand explica como el mar es una enorme imagen funeraria y a su vez expresión de temporalidad mutable. La tradición indoeuropea localiza el mundo de los muertos en el infinito más allá del océano. En la literatura caballeresca de influencia céltica, las islas o los espacios cerrados por agua son reinos maravillosos.

Ávalon o Avalón es una de estas islas legendarias de la mitología celta en donde según la leyenda, los manzanos daban sabrosas frutas durante todo el año. Esta isla ubicada en algún lugar de las islas Británicas, era un paraíso de eterna primavera en el que nadie envejecía, la paz era perpetua y no existía la fatiga. Era semejante a otros reinos como la Atlántida, en donde sus habitantes gozaban de una Edad de Oro. Se dice que fue el lugar donde fue llevado el rey Arturo para ser curado de sus heridas tras su última batalla en Camlann. Geoffrey de Monmouth, un escritor del siglo XII, dice de  Avalón  en su libro Vita Merlini: “ Se llama Isla Afortunada […] el grano y la uva se dan sin cuidado alguno, y en los bosques crecen los manzanos sobre la hierba bien cortada. La tierra ofrece espontáneamente todos los frutos en abundancia”. Otra isla más que presenta un paraíso fantástico en donde casi todo es posible y que nos lleva a las islas afortunadas. Se trata de tierras de abundancia, riqueza, juventud eterna y de goce que siguen disfrutando de la bendición de los dioses. El Génesis de la Biblia especifica que el Jardín del Edén está rodeado por cuatro ríos, convirtiéndolo casi en una isla en la que todo tiene lugar. Por su parte, el Hades griego estaría también rodeado de agua, en este caso, de cinco ríos.
Por otro lado, la evanescencia de la isla aumenta todavía más ese carácter fantástico. Al encontrarse en un medio móvil, la isla no parece tener una existencia real ya que no ha de quedarse anclada. De este modo surge el mito de la isla-móvil o la isla tortuga. Ésta está relacionada con los mitos indoeuropeos de la creación pero tiene una presencia plástica en relatos como el de Simbad, que descubre que ha desembarcado en el lomo de un monstruo marino. Podemos también hablar de una isla sumergida como la que Platón presenta, la Atlántida; un lugar idílico destruido por la impiedad de sus habitantes. (argumento que la madre de Jacob da para prohibir la entrada de más gente). No obstante, hasta el siglo XIX no se retomaría la hipótesis del continente sumergido. Con esta teoría de la inmersión de la tierra se trataron de explicar las migraciones prehistóricas. De este modo empezaron a surgir otros continente perdidos como Lemuria o Mu que se verían desarrollados por el imaginario fantástico, ocultista y de ciencia ficción del siglo XX. Estos continentes son, en muchos casos, lugar para monstruosos seres con atributos cefalópodos llegados más allá de las estrellas, según la representación del autor de novelas de ciencia ficción y terror, Howard Phillips Lovecraft.
Por lo tanto, la isla se sitúa como un referente que desafía los límites del tiempo y el espacio. El aislamiento o alejamiento del resto del mundo que su condición le proporciona crea una especie de microcosmos o mundo en miniatura. Este micro universo se puede observar en la Atlántida de Platón y su mundo autosuficiente y regulado y reaparecerá en tres de las grandes utopías del Renacimiento: la homónima de Tomás Moro, la Nueva Atlántida de Francis Bacon y la Ciudad del Sol de Tomaso Campanelo. La isla, se concibe pues, como un lugar ideal para la experimentación, ya que permite la regulación entera del microcosmos. Poco a poco, pasamos de un paraíso mítico a uno más racionalizado.
Durante este proceso de racionalización del paraíso, vamos encontrando obras variadas que siguen contando con el componente fantástico que caracteriza a las islas. La recopilación de cuentos fantástico árabes del Oriente Medio, Las Mil y una noches, transcurre entre islas. Jonathan Swift publica en 1726 Los viajes de Gulliver, que ocurren también en islas. A parte de sus viajes a Liliput o Brobdingnad, Gulliver visita también una isla llamada Lupata. En esta ínsula, que flota en el aire y sobre el agua, todos son sabios. Las personas que viajan a ésta se llevan conocimientos inaplicables. El poeta y periodista argentino, Jorge Aulicino, en su artículo “Islas de la literatura” publicado en la edición digital del diario Clarín, afirma que Lupata prefigura la isla de Lost, llamada Herbert Jablonski por los propios creadores de la serie. “Esta Lupata está invadida de fenómenos extraños y dominada aparentemente por uno o más psicópatas o psicóticos”.
La isla del doctor Moreau, escrita por H.G. Wells en 1898 sirvió como prototipo de las islas imaginarias en las cuales suceden hechos terroríficos. En la isla que presenta Wells se desarrollan humanos a partir de especies salvajes. En este caso, la hechicera Circe de La Odisea que convertía en cerdos a los hombres de Ulises, pasa ahora a ser un sabio algo loco que trata de hacer el proceso inverso, convertir a los cerdos en hombres.
Según el mismo Aulicino, las islas parecen neutralizar, al menos imaginariamente, las sucesiones de causas y efectos y las asociaciones de los hechos particulares con aquellos generales. Anulan la historia y la racionalidad. Con ejemplos como La Isla del Tesoro, de Stevenson, vemos que las islas contienen tesoros sustraídos de la economía y la vida del resto de la civilización. Con el Avalón que hemos visto, se conservan despojos arcaicos y míticos como el cuerpo del Rey Arturo y con obras como Robinson Crusoe de Defoe se desafía al hombre civilizado. La civilización se hace mítica y se aleja en la isla de Crusoe; la isla se suaviza ante los recursos del homo habilis. Encontramos también las islas paradisíacas como las del propio Stevenson que tratan de ser ahistóricas.
Sin embargo, María Luz Suárez sugiere que en las nuevas robinsonadas el microcosmos de la isla está regido por la misma anarquía que el macrocosmo caótico que representa el mundo exterior. En estos casos, el náufrago representa al ser humano en general y se acaba destruyendo no solamente a sí mismo, si no a la propia naturaleza de la isla.  Esta naturaleza es, al principio del aislamiento, casi siempre benévola. La isla que Golding presenta en su novela, El señor de las moscas, es un paraíso tropical que los niños acaban convirtiendo en un infierno en llamas. En John Dollar hay agua y frutas pero las niñas lo ignoran porque no tienen instinto de exploración y el miedo les impide adentrarse en el bosque. El Año de Gracia nos muestra como la crueldad y amoralidad de la naturaleza en la isla es producto de la crueldad y amoralidad del hombre. Esta visión sería la que la madre de Jacob y su hermano trató de inculcarles y, la que más tarde, antiJacob defensaría.
No obstante, podemos encontrar algunos casos en los que la naturaleza exterior es intrínsecamente malévola. La isla de Foe, es inhóspita e indiferente al sufrimiento humano y en The Mosquito Coast, ésta tiene su propio poder y se resiste a la inventiva del nuevo Robinson americano. La condición aislada del hombre se refleja en las nuevas islas modernas.
Las islas siguen mostrándose fantásticas y misteriosas en el audiovisual contemporáneo. Las islas siguen siendo especiales, lugar de salvación. Así ocurre en Waterworld, dirigida por Kevin Reynolds en 1995. Después de los casquetes polares de la Tierra se hayan derretido debido al efecto invernadero, la tierra firme queda cubierta por las aguas de los océanos. Los humanos logran sobrevivir gracias a unas islas flotantes. Diez años más tarde, Michael Bay nos presenta otra isla que sirve como salvación y como lugar escogido para sobrevivir. Los humanos causamos una serie de catástrofes ecológicas que nos obligan a buscar otras tierras habitables. Parecemos desprovistos de razón y, por nuestros errores, como en la mitología más clásica, algún ser superior decide desterrarnos de la tierra que conocemos. La isla se presenta como redención, como lugar único para ciertos elegidos para continuar allí sus vidas. La isla, de Michael Bay, se presenta como único lugar del mundo sin contaminar. Otras muchas islas fantásticas aparecen en el Océano Oriental del reino de Narnia. Al culminar este océano, la geografía se vuelve completamente fantástica (ya que el mundo de Narnia es plano) y el cielo se encuentra con la superficie de la tierra.
La isla que nos concierne, la Herbert Jablonski, según Aulicino, es una estirpe de la del doctor Moreau y La invención de Morel de 1940. Adolfo Bioy Casares inventa a un personaje, Morel, que inventa un dispositivo que hace falsa la realidad entera, el tiempo y los hechos en el tiempo. Aulicino afirma que “quien fracasa en la Isla de Lost es Robinson”.
John Locke habla de la Isla como si de una persona se tratase. La Isla le ha elegido. La Isla le ha curado. Habla de ésta como algo que escapa del entendimiento humano porque es visiblemente superior a éste. Locke afirma haber mirado a los “ojos” de la Isla, y con afirmaciones como ésta refuerza la personificación de un trozo de tierra. Más adelante, ya en la sexta temporada, se nos explica el génesis de la Isla en Across the Sea. Esta explicación no convence a muchos de los seguidores de la serie porque creen que se la han sacado de la manga. Un centro neurálgico en donde reside el bien y el mal, el amor y el odio; les parece una respuesta poco acertada y fácil porque no se puede tener todo. Este tema ya lo hablamos en otra entrada, pero desde aquí afirmamos que esa explicación es claramente mitológica, como la que hemos visto sobre el resto de islas mágicas tratadas en la narrativa. La mitología de las islas nunca tiene un razonamiento lógico, porque así es la mitología. ¿Por qué en Avalon los frutos crecían de la tierra sin cuidado alguno? No lo sabemos, pero es una licencia mitológica. ¿Por qué en la Isla de Lost tenía poderes curativos? Es algo que tampoco necesitamos saber. No necesitamos saber más porque creemos en la mitología.
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